miércoles, 7 de diciembre de 2011

Viena eterna y modernista

Sede de la Secesión Vienesa, construida en 1897 por Joseph Maria Olbrich para las exposiciones del grupo de la Secesión, cuyo primer presidente fue Gustav Klimt

'En vez de la 'eficiencia' alemana que, al fin y al cabo, ha amargado y trastornado la existencia de todos los demás pueblos, en vez de ese ácido querer-ir-delante-de-todos-los-demás y de progresar a toda velocidad, a las gentes de Viena les gustaba conversar plácidamente, cultivar una convivencia agradable y dejar que todo el mundo fuera a lo suyo, sin envidia y en un ambiente de tolerancia adable y quizás un poco laxa. 'Vivir y dejar vivir' era la famosa máxima vienesa, una máxima que todavía hoy me parece más humana que todos los imperativos categóricos y que impregnaba todos los estratos de la sociedad. Pobres y ricos, checos y alemanes, judíos y cristianos convivían pacíficamente a pesar de las burlas ocasionales, e incluso los movimientos políticos y sociales carecían de esa horrible hostilidad que, convertida en residuo venenoso, no penetró en la sangre de la época hasta después de la Primera Guerra Mundial.'

Stefan Zweig
El mundo de ayer. Memorias de un europeo.

6 comentarios:

Ana dijo...

Hay que reconocer que los alemanes siguen dale que dale. Será por eso que nosostras, Dios queriendo, nos vamos mañana a Viena.


Visitaremos al bueno de Klimt que es´tá de aniversario, iremos a la Ópera (¡sólo faltaba!)y seguro que muchas cosas más.

Lourdes dijo...

Cuando estuvimos este verano en el Belvedere vimos anunciada la exposición de Klimt y les comentamos a lis chicos que sería una ocasión fantástica para volver a Viena pero no va a pider ser. Buen viaje y como dice mi hija, inmersa en el inglés más ramplón ¡Enjoy!

Carmen dijo...

Qué envidia me das, T. Estuve en Viena hace tiempo, con mi madre, y me encantó la ciudad.

Y el libro elegido es magnífico. Lastima que Zwieig no viviera para contarnos la 2a Guerra Mundial, aunque ya dejaba apuntad en el libro lo que se le venía encima a Europa.

T dijo...

Los alemanes llevan siglos tocando las narices a toda Europa. Eso sí, últimamente no hacen sangre, al menos física.

Lour, desear Enjoy! no es inglés ramplón, es una expresión muy, muy habitual. Klimt sigue fascinándome. Me planté por enésima vez delante de 'El Beso' y estuve en la gloria.

El libro es una joya, Carmen, estoy de acuerdo. Y Viena tiene mucho encanto, a mí me gusta más la modernista que la imperial pero claro entras en el ring y la evocación del Imperio es inevitable y también tiene muchos encantos. La Ópera, por ejemplo. Vimos 'El caballero de la Rosa', que es una de mis óperas favoritas y verla allí, es verla en el sitio más idóneo.

Lourdes dijo...

Viena es indisociable del Imperio, querida T, y el mismo Klint gozaba de los favores del establishment. Por eso tuvo tanta importancia la Secesión. En aquellos años sólo en Viena se podía romper con las formas artísticas tradicionales y que esa secesión tuviese eco en todo el mundo. Viena, ya decadente, seguía siendo una magnífica caja de resonancia porque era la capital del Imperio.

T dijo...

Claro que Viena es inseparable del Imperio Austrohúngaro, en eso no hay discusión posible, Lour. Sólo he dicho que frente a los mamotretos erigidos por María Teresa, la mole de Karlskirche o el mismo Hofburg, que es lo que en términos musicales podría definirse como un palacio pesante, muy pesante, prefiero los detalles que dejaron los modernistas.

La estación de Otto Wagner en Karlsplatz, por cierto que no le vendría mal un repaso, o la iglesia de San Leopoldo, a la que tengo intención de dedicar una entrada en cuanto tenga tiempo, me parecen edificios espléndidos.

También Viena es dificilmente separable de los Vals de los Strauss y yo prefiero 'El Caballero de la Rosa', del otro Strauss, en la que también se intuyen los vals y el Imperio pero es ya otra cosa. No sé si me explico.