martes, 18 de octubre de 2011

De otro tiempo


'La ciudad y el valle se escondieron en las sombras. Había anochecido.

Sólo el cielo hacia occidente permanecía encendido.

Largos girones de nubes flotaban en la gran bóveda. Franjas de color ceniza barrían con sus flecos el horizonte. Debajo de ellos sólo había fuego, fuego y fuego. Se había inflamado el mundo. El bajo cielo tenía color carmesí. Grandes lágrimas de fuego llameaban cegadoras, muchas, infinitas, como si el universo llorase brasas sobre un mar de sangre. Bajo el cielo carmesí se alzaban pesadas montañas moradas y oscuras. Su contorno se escribía nítidamente sobe el trasfondo. Los neveros de Gyau, el Magura y, detrás, el Vlegyásza unían sus enormes cuerpos.

Largas crestas con laderas abruptas.

Féretros gigantescos, féretros de muchos naciones.

Inmóviles y majestuosos esperaban bajo el incendio del mundo.

Llegó el automóvil.

Bálint bajó de la montaña'.

Así, con claras reminiscencias a 'La montaña mágica', de Thomas Mann, termina 'El reino dividido', el último volumen de la 'Trilogía Transilvana' de Miklós Bánffy, una mágnífica novela que ha publicado Asteroide y que recomiendo de manera entusiasta. Describe el mundo que desapareció con la Gran Guerra, y que tan bien relató Zweig, y lo hace, además, desde el otro punto de vista del Imperio, el de los húngaros y más aún, el de los transilvanos que eran minoría en Budapest y, por supuesto, en Viena. Es un novelón de los imprescindibles, de los que enganchan desde el primer capítulo. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con un libro. Mejor dicho, con tres.

11 comentarios:

Bernardinas dijo...

Qué bien. Tengo el primer volumen desde este verano encima de la mesa, esperando turno. A ver si acabo con Franzen, otro novelón, y le hinco el diente. Gracias por el estímulo para leerla.

Ana dijo...

Comparto el entusiasmo de T ha sido mi lectura de verano.

Hacía tiempo que no me topaba con una obra de tal calibre, con un protagonista que te engancha a su historia vital mientras recorres a su lado la historia austrohúngara y transilvana y te deleitas con la descripción de usos y costumbres. Eso, hundida en una hamaca y dejando pasar las apacibles y calurosas horas veraniegas.

Ha sido un lujo.

T dijo...

Lo disfrutarás, Antonio. ¿Te refieres a Libertad? Dudaba si comprarla pero tu comentario, me anima a hacerlo.

Ana, usted y yo hemos comentado largo y tendido sobre el transilvano.

Elena dijo...

¿ Y tiene historia de amor como Dios manda?

T dijo...

Sí, Elena. Y muy al gusto decimonónico. Adulterina y desgraciada.

Lourdes dijo...

Sólo he leído, hasta ahora, el primer volumen y me pareció magnífico. Los otros dos están esperando porque se me cruzó La pasión de la mente occidental, de Richard Tarnas,un libro que también os recomiendo.

T dijo...

Gracias por la recomendación Lour. Un cambio de registro un poco drástico entre una lectura y otra ¿No crees?

Carmen dijo...

Yo lo dejaré apuntado. Tengo demasiado "stock" en cola. Franzen uno de ellos.

Lourdes dijo...

Muy diferentes pero me gusta cambiar incluso de modo radical.

NáN dijo...

Querida T: interrumpo brevemente el debido distanciamiento para decirte que esta mañana compré la revista Letras Libres del mes de octubre, que contiene la versión completa de la traducción de The Dry Salvages hecha, con un interesantísimo aparataje de notas,por José Emilio Pacheco.

Por su cuenta y riesgo, ha dedicado parte de su tiempo desde 1985 hasta hace poco a traducir los Cuartetos.

La traducción me pareció excelente y la primera persona a la que pensé que debía comunicárselo eres tú.

Un abrazo

T dijo...

Gracias, NáN. Pacheco lleva años con esa traducción, que debe corregir todas las tardes, valga la exageración, y que para Octavio Paz ya era perfecta cuando la publicó por primera vez, en 1988, en una edición que ahora mismo debe valer su peso en oro. Sólo he leído algunos pasajes de otra versión que publicó a finales de los 90 pero me haré con esta última. Por ahora.

Los Cuatro Cuartetos es una obra, para mí, insuperable.