martes, 29 de enero de 2013

Alegrarse




Alegría

Llegué al dolor por la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
un misterioso sol amanecía.

Era alegría la mañana fría
y el viento loco y cálido que embiste.
(Alma que verdes primaveras viste
maravillosamente se rompía.)

Así la siento más. Al cielo apunto
y me responde cuando le pregunto
con dolor tras dolor para mi herida.

Y mientras se ilumina mi cabeza
ruego por el que he sido en la tristeza
a las divinidades de la vida.

José Hierro

lunes, 28 de enero de 2013

... y 128 años y un día de un clásico

Esta canción la han cantado y versionado los más grandes y ha sonado en muchas películas, pero la primera vez que se cantó en el cine fue aquí. Su autor, Jerome Kern, hubiese cumplido ayer 128 años.




domingo, 27 de enero de 2013

257 años de un genio...

... y esto es sólo una pequeña muestra de su grandeza.


viernes, 25 de enero de 2013

A thought - provoking book




He titulado en inglés porque he pensado que dado que voy a citar a Jorge Ruiz de Santayana, y no lo voy a hacer en inglés, algun guiño tenía que hacer a la 'americanidad' del personaje que como saben, y si no se lo cuento yo ahora, escribió toda su obra en inglés porque se educó en Bostón desde los 9 años aunque nació en Madrid; y está considerado norteamericano pese a no haber renunciado nunca a su pasaporte español y a que él dejó dicho en numerosas ocasiones que se sentía profundamente español.

George Santayana fue profesor en Harvard, donde tuvo como alumno nada menos que a T.S. Eliot, y estando allí escribió, en 1900, uno de sus libros más  sugerentes y provocadores: 'Interpretations of Poetry and Religion', en cuyo prólogo sostuvo ésto:

'... la religión y la poesía son idénticas en esencia y sólo difieren en el modo en que se relacionan con los asuntos prácticos. Se llama religión a la poesía cuando interviene en la vida; y la religión, cuando simplemente sobreviene a la vida, no puede ser sino poesía.

De esta concepción se seguiría, naturalmente, que las doctrinas religiosas harían bien en abandonar sus pretensiones de ocuparse de cuestiones de hecho.Tal pretensión no sólo es la fuente de los conflictos de la religión con la ciencia y de las vanas y amargas controversias entre sectas, sino que también es causa de la impureza e incoherencia de la religión en el alma, cuando busca sus sanciones en la esfera de la realidad y olvida que su función propia es expresar el ideal. Porque la dignidad de la religión, al igual que la de la poesía, reside precisamente en su adecuación ideal, en representr ajustadamente los significados y los valores de la vida, en anticipar la perfección. Así, la excelencia de la religión se debe a una idealización de la experiencia que, aunque ennoblece a la religión cuando se la trata como poesía, la convierte necesariamente en falsa cuando se la trata como ciencia. Su función consiste más bien en extraer de los materiales de la realidad una imagen de ese ideal al que la realidad debería conformarse y, por anticipación, hacernos ciudadanos del mundo que anhelamos.

De nuestra concepción general también se sigue que la poesía tiene una función universal y moral. Sus rudimentarias incursiones en las regiones de la fantasía y de los bellos sonidos, como también su idealización de episodios de la existencia humana, son sólo ejercicios parciales de un arte que tiene por contenido todos los tiempos y toda la experiencia, y por tema último todas las posibilidades del ser. del mismo modo que la religión es desviada de su curso cuando se la confunde con un inventario de hechos o de leyes naturales, así la poesía detiene su progreso si se la limita a un mero juego de la fantasía que no tiene relevancia para los ideales y propósitos de la vida. En esta relevancia reside su más alto poder. Así como su placer elemental proviene de su respuesta a las exigencias del oído, así también su belleza más profunda proviene de la respuesta que da a las exigencias últimas del alma'.

(Traducción de Carmen García Trevijano y Susana Nuccetelli para la edición de 'Interpretaciones de poesía y religión', de George Santayana. KRK Ediciones)

martes, 22 de enero de 2013

Jurar


Ayer, poco antes del mediodía, Barack Obama renovó su juramento como Presidente de los Estados Unidos de América ante cientos de miles de personas congregadas en el National Mall de Washington. Y lo hizo siguiendo un ceremonial que se repite cada cuatro años y que incluye, antes de ir al Capitolio, un oficio religioso y también que un clérigo intervenga en el acto de juramento.

La fórmula de juramento, igual que la fecha en la que debe celebrarse, la recoge la Constitución, salvo las cuatro últimas palabras, en las que se pide la ayuda de Dios. Ésas fueron añadidas por George Washington pero hasta la fecha, las han repetido todos los Presidentes:  “I do solemnly swear that I will faithfully execute the Office of President of the United States, and will to the best of my Ability, preserve, protect and defend the Constitution of the United States. So help me God”.  (Juro solemnemente  que desempeñaré legalmente el cargo de Presidente de los Estados Unidos y lo haré con la mejor capacidad posible, así como preservar, defender y proteger la Constitución de los Estados Unidos. Que Dios me ayude.)

Estas apelaciones a Dios suenan muy raras por estos pagos.  Ya sabemos que algunos se sienten ofendidísimos en sus derechos porque el Presidente del Congreso de los Diputados felicite la Navidad con un tarjetón, vulgo christmas, con una representación del Nacimiento de Cristo que, a fin de cuentas, es lo que se celebra en Navidad. Sin embargo, curiosamente, los mismos que aquí claman por encerrar la religión en las iglesias y que protestan con rabia porque en las escuelas haya un Crucifijo, tienen a Obama como adalid.

Pues bien, Obama no sólo 'va a misa' antes de jurar y en el mismo juramento, sobre dos Biblias, pide la ayuda de Dios, no, va más allá. En su discurso de inauguración de la Presidencia, rodeado de toda la simbología que va unida a los americanos, aludió a Dios media docena de veces:

'Lo que nos hace ser excepcionales, lo que nos hace americanos, es nuestra lealtad a una idea, articulada en una declaración que fue hecha hace más de dos siglos: "Sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas; que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, que entre ellos están la vida, la libertad, y la búsqueda de la felicidad.'

'... aunque la libertad es un regalo de Dios, su gente es quien tiene que conseguirla aquí en la Tierra.'

'Somos fieles a nuestra creencia cuando una niñita que nazca en la más penosa de las pobrezas sepa que ella tiene la misma oportunidad de tener éxito que cualquier otra persona, porque ella es americana, ella es libre y ella es igual, no solo ante los ojos de Dios, sino ante nuestros propios ojos.'

'... así es como preservaremos nuestro planeta, que Dios nos ha encomendado cuidar. Esa obra dará significado al credo que nuestros antepasados una vez declararon.'

'El juramento que he hecho hoy ante ustedes, como el que hicieron otros que sirven en este Capitolio, fue un juramento ante Dios y ante la Nación, no ante un partido ni una facción.'

'Gracias, que Dios los bendiga, y que bendiga para siempre a los Estados Unidos de América.'

¿Se imaginan ustedes lo que pasaría aquí si un Presidente del Gobierno decide que, antes de jurar ante el Rey, va a misa a su parroquia, y además lo incluye en la agenda pública;  después se lleva a un cura a la toma de posesión para que lo bendiga, termina el juramento pidiendo la ayuda de Dios y, previamente, en el discurso de investidura ante las Cortes alude a Dios media docena de veces?

Pues éso.

viernes, 18 de enero de 2013

Cursis o no


(El Monte Parnaso, Nicolás Poussin)

El miércoles pasado, en una entretenida e interesantísima reunión literaria a la que voy de vez en cuando, comentábamos que los poetas, muy grosso modo, pueden clasificarse en claros y oscuros y también en cursis o no. Yo prefiero la poesía clara y rotunda, y allí estábamos de acuerdo en que, entre los que escriben en español, un buen ejemplo de claridad serían Garcilaso o Cernuda, tan distantes y tan distintos,  y que además no son nada cursis. A las pruebas me remito:

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

(Tercetos del Soneto V, de Garcilaso)


Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

(Fragmento de 'Si el hombre pudiera decir lo que ama...', de Luis Cernuda)


La cursilería afecta por igual a los claros que a los oscuros. Lorca, a mi juicio, alterna entre ambos registros, tiene versos diáfanos y otros oscurísimos, y aunque a mí su poesía me gusta más bien poco, reconozco que cursi no es. Neruda, que a mí no me parece nada oscuro, tiene poemas que son de un cursi que tira para atrás, y eso que al final del Canto General, cuando enumera a sus poetas más queridos, como la referencia que deben seguir los jóvenes, cita a 4 de los más grandes poetas españoles, ninguno de los cuales es cursi:

Que amen, como yo amé, mi Manrique, mi Góngora, mi
Garcilaso, mi Quevedo:
fueron
titánicos guardianes, armaduras de platino
y nevada transparencia, que me enseñaron
el rigor, y busquen
en mi Lautréaumont viejos lamentos
entre pestilenciales agonías.

Que en Maiakovsky vean cómo ascendió la estrella
y cómo de sus rayos nacieron las espigas.

Andaba yo entreteniéndome en estas tontunas sobre la cursilería de los poetas, que bien podría dar para una tesis doctoral, cuando me he enterado de que hoy se cumple el 146 aniversario del nacimiento de Rubén Darío, que ya saben que es el paradigma de poeta cursi, con permiso de Bécquer, aunque mi admiradísimo Borges lo tuviese en muy alta estima: 'Todo lo renovó Darío: el vocabulario, la métrica, la magia peculiar de ciertas palabras, la sensibilidad del poeta y de sus lectores. Su labor no ha cesado ni cesará. Quienes alguna vez lo combatimos comprendemos hoy que lo continuamos. Lo podemos llamar liberador'.

Y sin embargo, hay un poema de Ruben Darío que a mí no me parece nada cursi, así que me olvido de Margarita y lo linda que estaba la mar, de Francisca, que multiplicó pétalos de lirio y de Carolina y su abrigo de martas cibelinas, y les dejo con Cleopatra, convertida en imperial becerra que hasta brama.

Yo fui un soldado que durmió en el lecho
de Cleopatra la reina. Su blancura
y su mirada astral y omnipotente.
Eso fue todo.

¡Oh mirada! ¡oh blancura! y oh, aquel lecho
en que estaba radiante la blancura!
¡Oh, la rosa marmórea omnipotente!
Eso fue todo.

Y crujió su espinazo por mi brazo;
y yo, liberto, hice olvidar a Antonio.
(¡Oh el lecho y la mirada y la blancura!)
Eso fue todo.

Yo, Rufo Galo, fui soldado y sangre
tuve de Galia, y la imperial becerra
me dio un minuto audaz de su capricho.
Eso fue todo.

¿Por qué en aquel espasmo las tenazas
de mis dedos de bronce no apretaron
el cuello de la blanca reina en brama?
Eso fue todo.

Yo fui llevado a Egipto. La cadena
tuve al pescuezo. Fui comido un día
por los perros. Mi nombre, Rufo Galo.
Eso fue todo.

Metempsicosis


martes, 15 de enero de 2013

Pedir



Dádiva

Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos,
el peso del silencio, ese arco, ese abandono,
enciéndeme las manos,
ahóndame la vida
con la dádiva dulce que te pido.
Dame la luz sombría, apasionada y firme
de esos cielos lejanos, la armonía
de esos mundos sellados,
dame el límite mudo, el detenido
contorno de esas lunas de sombra,
su contenido canto.
Tú, el negado, da todo,
tú, el poderoso, pide,
tú, el silencioso, dame la dádiva dulcísima
de esa miel inmediata y sin sentido.

Idea Vilariño

sábado, 5 de enero de 2013

¡Ya vienen los Reyes!



Pietro Perugino

 Belén

I
Se oye un rumor de manantial.
Dice: ven.
Acude un pastor a un portal.
Es Belén.

II

Melchor Primero, Baltasar Primero,
Gaspar Primero son los reyes únicos,
Más reales que todo otro monarca.
En su guía convierten a una estrella,
Se postran ante lo desconocido,
Ya con fe en la gran Equis del futuro,
Varones de esperanza.
Vamos, vamos.

III

Aquellos reyes de paz
¿Qué dieron a tu niñez?
¿Qué pesaba en tu balanza?
–La esperanza.

Jorge Guillén

jueves, 3 de enero de 2013

Aniversarios en 13

Este año que acaba de comenzar celebramos los 200 años del nacimiento de Wagner, el 22 de mayo, y de Verdi, el 10 de octubre. Los homenajes comenzaron el primer día del año en la Musikverein de Viena, en el descafeinado Concierto de Año Nuevo que este año dirigió Franz Welser-Möst, un tipo tan gris que contagió a los filarmónicos de su poco espíritu. Ustedes disculpen, ya me he dispersado.

Les decía que este año vamos a tener Wagner y Verdi hasta en la sopa, salvo en el Teatro Real de Madrid, que a la espera de conocer la temporada 2013-2014, este año sólo tiene programada, en julio, la Misa de Requiem del italiano, a modo de funeral, porque Mortier ha debido pensar que ya los van a honrar suficientemente por los teatros del todo el mundo y él, ya lo sabemos, no es de los que hace concesiones a la galería. Ni a los palcos, ni a la platea, ni al primer anfiteatro. Y ya me he vuelto a enredar.

Por mi parte he decidido festejarlos a lo grande nada más empezar el año, como en Viena, y para ello les dejo con dos youtubes memorables que pueden ustedes ver y escuchar a ratos, si de una sola vez les parece demasiado atracón, sobre todo en el fragmento que he elegido de Wagner aunque creanme que merece la pena.





Este año también conmemoramos el centenario del nacimiento de Benjamin Britten, el 22 de noviembre, pero al autor de 'Peter Grimés' lo festejaré otro día.

martes, 1 de enero de 2013

¡Feliz Año Nuevo!

Mira tan lejos como puedas, hay
espacio ilimitado allá,
cuenta tantas horas como puedas, hay
tiempo ilimitado antes y después.

Walt Whitman




 He dudado si añadir que os deseo un año normal porque, últimamente, la normalidad es pavorosa pero sí, voy a hacerlo porque un año que termina en 13, y empieza en martes, hay que conjurarlo desde el minuto uno.  Con optimismo y con alegría.